Viajó desde Alejandría hasta Reino Unido, con parada trágica y forzosa en Galicia. Te gustará observarlo a orillas del Támesis.

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La aguja de Cleopatra

La azarosa vida de un obelisco.

Aquí tienes uno de los secretos de las calles de Londres. Debido a estar casi escondido entre los árboles, a orillas del Támesis, cerca de la estación de Embakment, este obelisco egipcio suele pasar desapercibido. Se trata de un homenaje al faraón Tutmosis III, en el siglo XV a.C. ubicado en el palacio de Cleopatra en Alejandría. Desde entonces hasta su traslado a la ciudad británica, ha pasado por toda una odisea. Egipto se lo regaló a la reina Victoria en 1819 por su ayuda en las batallas del Nilo y Alejandría. La reina rehusó costear el enorme y aparatoso gasto que suponía el traslado de la pieza. Veinte años más tarde un filántropo llamado Sir Erasmus Wilson se ofreció a financiar la empresa. Tras un dificultoso viaje en barco en el que el obelisco casi queda sumergido en el Cantábrico debido a las tormentas que costaron la vida de seis hombres, y una escala para su reparo en Galicia, llegó a su destino. Se optó por el emplazamiento actual debido a la complejidad de llevarlo por las estrechas calles de Londres hasta el Museo Británico. Si te encuentras paseando por las orillas del río, detente a observar el obelisco, su base de hormigón marcada por la metralla de un bombardeo en la II Guerra Mundial, y las dos esfinges de bronce que lo custodian.

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