Son los Campos Elíseos mexicanos. Larga avenida arbolada, monumental y majestuosa, como su homónima francesa.

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Paseo de la Reforma, con sus monumentos a Colón y la Revolución

Gracias a Maximiliano.

El emperador Maximiliano duró pocos años en el trono mexicano, pero dejó para siempre este Paseo de la Reforma, de unos 12 kilómetros de largo, concebido a imagen de los Campos Elíseos parisinos. Aunque su intención era que se llamase Paseo de La Emperatriz, en honor a su mujer, su nombre actual es desde 1872 Paseo de la Reforma, en recuerdo de las leyes modernizadoras y liberales que se implantaron en el país entre los años 1855 y 1863. Desde entonces, parece que todos los gobernantes han querido dejar su impronta ordenando edificar un gran monumento en esta vía. Tanto es así que aquí nos encontramos el Monumento a la Independencia, la fuente de la Diana Cazadora, el monumento a Cuauhtémoc y un sinfín más que van desde el Monumento a la Estela de Luz (con motivo de la celebración del Segundo Centenario de la Independencia) a la Fuente de Petróleos para conmemorar la nacionalización de esta fuente de energía en 1938. Se trata de una larga avenida arbolada y repleta de rotondas con todo tipo de monumentos en su interior. Un buen lugar, por lo tanto, para pasear y disfrutar del ambiente típico de las calles mexicanas.

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