Monterrey: montañas, fuego y corazón norteño
"Monterrey impresiona desde el primer vistazo. El avión apenas descendía y ya el Cerro de la Silla se levantaba como un guardián enorme, recordándote que aquí la naturaleza y la ciudad conviven de frente. Empezamos el viaje caminando por el Paseo Santa Lucía, esa especie de canal moderno que conecta el centro con el Parque Fundidora. Entre barquitos, murales y música callejera, todo tiene un aire relajado que contrasta con la energía industrial de la ciudad. Al caer la tarde, el parque se llenó de familias, corredores y parejas en bici; nosotros nos perdimos entre chimeneas convertidas en museos y antiguos hornos que hoy laten con cultura. Monterrey es así: fuerza y calidez, tradición y modernidad, acero y montaña. Un destino que vibra con carácter propio y que, cuando te despides, ya empieza a llamarte de vuelta."
Así lo ven otros viajeros
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